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1. El precio real de un móvil

Además del económico, los móviles tienen costes sociales y medioambientales que no se trasladan al precio.

Un móvil estándar contiene entre 500 y 1.000 componentes distintos. La extracción y procesamiento de estos componentes generan unos 75 kg de desperdicios por teléfono. Algunos de estos elementos son  recursos caros y escasos, y están relacionados con abusos sociales y medioambientales.

Un ejemplo de ello es la obtención del tantalio, que se extrae del mineral llamado coltán. El 80% de las reservas mundiales de este mineral se encuentran en el este del Congo y su explotación está ligada a la violación de derechos humanos, la destrucción del medioambiente y la financiación de los conflictos existentes en la región.

En Europa se renueva cada año alrededor del 40% del parque de móviles existentes, alrededor de 18 millones de móviles sólo en España. Mientras la vida útil de un aparato es de unos 10 años, batería aparte, el tiempo medio de utilización se sitúa entre el año y medio y los dos años y medio.

Esta renovación excesiva se debe a diferentes causas: la presión publicitaria, las modas y cambios estéticos o la introducción continua de nuevas funcionalidades. Además, el elevado precio de las reparaciones y de la compra de componentes dañados o la falta de posibilidad de reprogramar los teléfonos con nuevas funcionalidades potencian aún más su sustitución. Hacer un uso responsable de los móviles, alargando su vida útil, puede contribuir a la reducción del impacto que tiene la extracción de mineral en el Congo.

Pero además del coste medioambiental y social de su producción y de la renovación excesiva de aparatos, existe un tercer problema: el del volumen y la toxicidad de los residuos electrónicos.

Para hacernos una idea de la dimensión del problema, podemos señalar que en Europa, por término medio, cada habitante produce unos 14 kg de residuos electrónicos al año. A pesar de estar prohibido por la convención de Basilea, muchos de estos residuos son enviados a países de África y Asia como si fueran productos para el mercado de segunda mano, y acaban en grandes vertederos de basura tecnológica. Estos vertederos destruyen el medio ambiente y tienen graves consecuencias para las poblaciones que los acogen, destruyendo sus medios de vida y su salud.

2. Acompañar y defender los derechos de las personas desplazadas y refugiadas en Congo

Los proyectos de ALBOAN y el Servicio Jesuita a Refugiados.

El este de la República Democrática del Congo se haya sumergido en una crisis humanitaria, social, política y económica que no hace más que aumentar año tras año y que cuenta con la implicación de un gran número de grupos militares y rebeldes armados, locales y regionales que luchan por controlar los recursos naturales y minerales de la zona. En este contexto de inseguridad e inestabilidad, las poblaciones de la provincia de Kivu Norte, en el este del Congo, no hacen otra cosa que desplazarse huyendo de la violencia.

En septiembre de 2013, se estimaba que más de 2 millones de personas habían abandonado sus casas. Muchas de ellas sobreviven en asentamientos espontáneos desprovistas de ayuda humanitaria al carecer del reconocimiento y el apoyo oficial de las agencias de Naciones Unidas.

Estas personas desplazadas atraviesan situaciones precarias y extremadamente difíciles: carencias alimenticias, falta de ingresos económicos, falta de acceso a la educación, traumas psicológicos relacionados con los múltiples desplazamientos y la violencia sufrida y dificultad para construir una vida en condiciones de seguridad, entre otras.

Mujeres desplazadas

Educación de jóvenes y adolescentes

ALBOAN, la ONG de los Jesuitas en Euskadi y Navarra, apoya la intervención del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Goma, la capital de Kivu Norte, tratando de responder a todas estas necesidades. Para ello atiende a cerca de 156.000 personas agrupadas en siete campamentos.

En estos emplazamientos el JRS ofrece a la población desplazada servicios diversos. Ayuda alimentaria y materiales de emergencia como mantas y lonas para la construcción de chozas. También se encarga de la educación en los campamentos equipando escuelas de secundaria para acoger al alumnado desplazado, llevando a cabo actividades de sensibilización entre los padres y madres para que envíen a los menores a clase y formando al profesorado. Otro servicio a destacar es el apoyo psicosocial a las personas que han sufrido los traumas como consecuencia de la violencia y el desplazamiento. Especialmente relevante es la atención psicológica a las mujeres que han sido violadas.

Por último el JRS promociona entre la población de los campamentos la alfabetización, el aprendizaje de oficios y la distribución de herramientas de trabajo, con la finalidad de que les ayude a encontrar  un empleo y garantizar una fuente de ingresos estable en el tiempo.

3. Recursos

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Presentación

Abogada de derechos humanos

El artista

Dinamizador comunitario

El ecologista

El activista

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